Kris subió al auto. El resto del camino permaneció en silencio: él iba concentrado en el volante y ella rememorando cada palabra que había dicho, pero a su mente también llegaban los recuerdos de aquellas imágenes: él poniendo un anillo en la mano de esa mujer, besándola en público y tantas cosas más.
Eran tantas las imágenes que le recorrían la cabeza que no le permitían alegrarse por la confesión de Arvid.
Una vez que el auto se estacionó, Kris se quitó el cinturón y, sin decir nada, bajó del