—No tiene nada de hermosa —le torció los ojos. Emir sonrió y se acercó más a ella.
—¿Estás celosa, mi Cami?
—No me digas así, ya te lo he dicho —se levantó ofuscada—. Sabes que quiero casarme con Arvid.
—Sí, lo sé, y como te dije en el restaurante, por mí no hay problema que lo abortes, siempre y cuando podamos seguir viéndonos. De lo contrario, le contaré todo a Arvid.
Camila le regresó la mirada enojada.
—Lo voy a tener.
—Espera, ¿me estás diciendo que vas a tener a nuestro hijo? Pero dijiste