(Narrado por Henrik)
Cerré la puerta de nuestra habitación y eché a andar.
Mis pasos resonaban en el pasillo con mi pesado andar. No iba a llamar a su puerta. No iba a pedirle permiso. Sara había agotado cualquier derecho a la cortesía la noche que intentó quemar viva a Laira.
—¡Sara!
Mi voz retumbó en las paredes. Algunos empleados se asomaron. No me importó. Era mejor que hubiera testigos.
Sara apareció al final de la escalera. Llevaba un vestido azul y el pelo perfectamente peinado. Sonreía.