Desperté sobresaltada.
Mi respiración salió agitada mientras me incorporaba rápidamente en la cama.
Había una oscuridad parcial. Pero reconocí la habitación de la mansión. Las sábanas suaves bajo mis manos.
Y con la conciencia todo volvió de golpe.
La iglesia. La sangre. El cuchillo entrando una y otra vez.
Un sonido ahogado escapó de mi garganta mientras miraba desesperadamente mis manos buscando manchas rojas.
Pero una voz grave habló desde la penumbra.
—No te preocupes. Limpié toda la sangre