Me quedé despierta esperándolo.
La habitación estaba en silencio, iluminada apenas por una lámpara tenue junto a la cama. Afuera, las luces de seguridad seguían recorriendo las rejas de la propiedad como si esperaran otro ataque en cualquier momento.
Y quizás era así.
No sabía cuánto tiempo pasó hasta que la puerta finalmente se abrió.
Ciro entró.
Se veía agotado.
La tensión seguía marcada en cada parte de su cuerpo. En la rigidez de sus hombros. En la forma en que aflojó lentamente el cuello d