Nos fuimos de la mansión al atardecer.
Nadie dijo demasiado mientras los hombres terminaban de cargar armas, cajas y pertenencias en los vehículos.
El ambiente seguía oliendo a humo incluso después de horas. A destrucción.
Yo iba sentada junto a Ciro en el auto principal. En silencio.
Él miraba constantemente por la ventana mientras hablaba de vez en cuando con Enzo por mensajes. Seguía serio. Tenso. Como si su cabeza nunca dejara realmente aquella guerra.
Y yo tampoco podía dejarla atrás.
La i