No pude soportarlo más. Las lágrimas empezaron a caer antes de que pudiera detenerlas.
Primero silenciosas. Después más fuertes.
Y finalmente terminé rompiéndome frente a él.
—He matado a un hombre… —mi voz salió quebrada—. Dios no va a perdonarme.
El dolor volvió a aplastarme el pecho apenas pronuncié aquellas palabras.
Porque era verdad. Había cruzado una línea imposible de borrar.
Ya no era la chica que rezaba en silencio dentro de una capilla. Ya no era la novicia que creía que el mundo tod