El infierno seguía rugiendo dentro de la mansión.
Disparos.
Gritos.
Objetos rompiéndose.
El olor a pólvora quemaba mi garganta mientras Ciro avanzaba por el pasillo conmigo pegada a su espalda. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido. Apenas podía respirar correctamente.
Otro de sus hombres cayó cerca de las escaleras.
Vi la sangre extenderse debajo de él.
Vi los ojos abiertos.
Vacíos.
Y tuve que apartar la mirada antes de vomitar. Porque la sola idea de presenciar la muerte me resultaba demasi