(Narrado por Ciro)
No bajé a despedirme.
Me quedé junto a la ventana del despacho, con un vaso de whisky que ni siquiera había probado, viendo cómo el coche negro atravesaba las rejas de la mansión. Tras él, el segundo vehículo con mis hombres. Cuatro. Había insistido en que fueran cuatro.
El coche se hizo pequeño en la distancia. Luego desapareció.
Y la mansión se quedó en silencio.
Un silencio distinto. Más frío. Más pesado.
No habrían pasos suaves cruzando los pasillos. No habrían discusion