(Narrado por Viktoria)
El convento seguía igual.
Las mismas campanas repicando al mediodía. El mismo olor a incienso flotando por los pasillos. Las mismas hermanas con sus hábitos impecables y sus voces suaves deslizándose hacia la capilla para los rezos.
Todo estaba exactamente como lo había dejado.
Y sin embargo, nada era igual.
Ayudé en la cocina. Limpié los bancos de la capilla. Ordené los libros de la pequeña biblioteca. Recé. Hice todo lo que se suponía que debía hacer. Todo lo que había