Me quedé pegada a la pared del pasillo, conteniendo la respiración.
Sara seguía frente a la puerta de la suite. La vi apoyar la mano en el marco. La vi empujar la puerta con cuidado, sin hacer ruido. La vi entrar.
Y yo no hice nada.
No la detuve. Me quedé allí, escondida detrás de la esquina, con el corazón golpeándome tan fuerte que temí que el ruido me delatara.
No sabía qué iba a hacer Sara en esa habitación. Pero no era nada bueno. Lo supe por la forma en que cerró la puerta tras de sí. Por