Después del ultimátum de Regina, la mansión se volvió irrespirable.
Henrik se encerró en su despacho. Yo no podía quedarme en la habitación. Las paredes me caían encima. Cada vez que cerraba los ojos veía los ojos grises de Regina clavándose en mí como cuchillos. Tres días. Teníamos tres días.
Así que hice lo que no había hecho desde que llegué: salir al jardín.
No pedí permiso. No avisé a nadie. Simplemente caminé por el pasillo, abrí la puerta trasera que daba a la parte de atrás y salí. El a