El asalto comenzó al amanecer.
Las primeras luces del día teñían el cielo de un gris azulado cuando Ciro dio la señal. Rocco y sus hombres rodearon la finca por el flanco izquierdo. Enzo cubrió la salida trasera con cuatro hombres más. Y nosotros, el grupo principal, avanzamos por el camino de acceso.
La casa de campo apareció ante nosotros. Vieja. Decrépita. Con las ventanas tapiadas y el jardín devorado por la maleza. Un lugar perfecto para que una serpiente se escondiera.
Los hombres de Fran