El camino de regreso se me hizo eterno.
Cael seguía dormido entre mis brazos, completamente agotado. Su respiración era tranquila por primera vez en muchas horas. Cada pocos minutos le acariciaba el cabello solo para asegurarme de que seguía allí.
De que no era un sueño.
De que nadie volvería a arrebatármelo.
Nadie habló durante el trayecto.
Ni Enzo.
Ni Rocco.
Ni los demás hombres.
El silencio lo decía todo.
Habíamos recuperado al niño... pero todavía quedaban demasiadas heridas abiertas.
Cuand