El disparo todavía retumbaba en mis oídos.
Francesca dio un paso hacia atrás con un grito ahogado. La sangre empezó a correr por su hombro derecho mientras la pistola escapaba de sus dedos y golpeaba el suelo de madera.
Apreté a Cael contra mi pecho por instinto.
No sabía quién había disparado.
Solo veía la puerta abierta.
Y una figura inmóvil, envuelta por la oscuridad del pasillo.
La luz de la habitación apenas alcanzaba a iluminar su rostro cuando dio un paso al frente.
Sentí que el aire se