El camino de regreso a la mansión transcurrió en un silencio extraño.
No era el silencio de la derrota.
Era el de las personas que habían sobrevivido a algo que todavía no terminaban de comprender.
Mi madre permanecía recostada en el asiento trasero, apoyada sobre mi hombro. Dormía profundamente. Su respiración seguía siendo débil, pero al menos ya no estaba encerrada entre cuatro paredes de piedra.
Era libre.
Por primera vez en muchos años.
Le acaricié el cabello con cuidado.
Todavía me costab