Llegué al balcón antes que él.
La noche estaba tranquila. Las estrellas brillaban sobre los jardines de la mansión. El aire olía a jazmín. Me apoyé en la barandilla y respiré hondo. Estaba nerviosa. No sabía exactamente qué iba a decirle. Solo sabía que no podía seguir evitándolo.
Porque después de todo lo que había pasado, después de todo el dolor, una simple conversación con Ciro todavía era capaz de ponerme así.
Oí sus pasos antes de verlo. Ciro apareció en la puerta del balcón. Se quedó a u