Corrí escaleras arriba con el corazón desbocado.
—¡Cael!
Abrí la puerta de la habitación de Cael con el corazón en la garganta. Ciro iba detrás de mí, su presencia era un muro de contención. Mis manos temblaban. Mi mente imaginaba las peores escenas posibles.
Encendí la luz.
Y allí estaba.
Cael estaba en su cama. Dormido. Su pecho subía y bajaba con una respiración tranquila. Su carita estaba relajada. Su pijama limpio. No había sangre. No había heridas. No había nada.
Abrazaba una almohada, re