Nunca imaginé que despedirse pudiera doler tanto.
Después de que tuve que abandonar Nápoles. Soñé con encontrar un lugar donde nadie me conociera. Un lugar donde pudiera empezar de nuevo.
Y lo había encontrado.
Ahora tenía que dejarlo atrás.
Esos últimos días en el pueblo fueron increíblemente difíciles.
No por el miedo a lo que vendría. No por la incertidumbre de volver a la mansión. Sino por tener que despedirme de las personas que me habían dado todo cuando no tenía nada.
La primera visita