A la mañana siguiente, intenté fingir normalidad. Cael seguía sin querer hablar de Ciro, pero al menos ya no me evitaba. Me preparé para ir al mercado agrícola, como cada semana. Frutas, verduras, pan fresco. Las pequeñas rutinas que me ayudaban a sentir que todo estaba bajo control.
El mercado estaba animado. Los vecinos charlaban, los niños correteaban entre los puestos. Todo parecía en orden.
Hasta que oí el ruido de motores.
No era habitual. Aquí casi todo el mundo caminaba.
Levanté la vis