—Creo que ella estaba disfrutando esto demasiado. ¿Qué pensaba Daniel?
¡Oh, más le valía no parar! Más le valía seguir haciendo lo que estaba haciendo, o me volvería loca. Lo cual no tomaría mucho, ya estaba al borde de la locura.
—Hmm, creo que tienes razón —dijo Daniel después de soltar mi pezón con un chasquido y los dedos me abandonaron. No, maldita sea, no. Eso no iba a pasar. Tiré con más fuerza de las ataduras en mis muñecas.
—Por favor, me portaré bien. Lo prometo. No volverá a pasar —l