—Seguro que sí. Claro, ¿por qué no? Un trago nos vendría bien para relajarnos —dijo Alexei. Lo miré y me guiñó el ojo.
Tomó mi mano entre las suyas y los seguimos.
—Actuamos en cuanto entremos. ¿Tienes el suero? —le pregunté en voz baja, y él asintió. Esbocé una sonrisa antes de controlar mi expresión mientras los seguíamos hacia una habitación.
Entramos al cuarto y mis ojos casi se salieron de sus órbitas. Los otros cinco hombres estaban teniendo una maldita orgía con dos mujeres. Contuve mi so