Diego siempre ha sido un gran tipo, y me ayuda a mantenerme con los pies en la tierra. Sí, yo he matado por impulso, y él también, pero nos equilibramos mutuamente.
—Ya veo —se puso de pie y lo observé mientras se quitaba su camiseta negra y la dejaba caer al suelo. Alcanzó la hebilla de su cinturón y la desabrochó sin dejar de mirarme.
—¿Qué estás haciendo? —le pregunté, mientras él se bajaba los vaqueros y se los quitaba. Se quedó en calzoncillos mientras caminaba hacia la gran bañera.
—Ayudán