—No me digas que no es nada, Ryder Salvaje Jackson. Vamos a ir. ¡AHORA! —espetó ella. Asentí con la cabeza, luchando contra la sonrisa mientras intentaba cargarla, y ella me dejó hacerlo. Dios, con tanto levantar y cargar, pronto sería como Hulk. No pesaba mucho, incluso con nuestra pequeña niña creciendo dentro de ella. Se quejaba de que tenía el tamaño de una ballena bebé, pero para mí, era hermosa.
Llegamos a la camioneta y ella se sentó dentro. La ayudé a abrocharse el cinturón cuando se inc