—¿Claro, por trabajo? ¿A qué hora? —pregunta jugando con sus cejas perfectas, su voz ronca me hace estremecer. Tal vez sea una mala idea. Aunque, por otro lado, podría funcionar. Como clienta, tendría mejor oportunidad de ver lo que está pasando.
—El club abre a las nueve, así que ¿qué tal si llegamos como a las once? —pregunté, insegura de los horarios. Demonios, normalmente a esa hora ya estoy acostada. ¿Cuándo se volvió tan rutinaria mi vida? Ah, claro, desde que tengo una hija. Incluso cuand