Lo besé con fuerza, mordiendo su labio inferior mientras lo succionaba con la boca. Él se retiró y yo gemí.
“Date la vuelta, bebé.”
No necesitó decírmelo dos veces. Me giré, apoyé las manos en la pared y empujé hacia atrás mientras él me penetraba. Él gimió, sus manos se posaron en mis caderas mientras entraba con fuerza.
“Me encanta ver cómo mi pene desaparece dentro de esa dulce y apretada vagina. ¿De quién eres, Ángel? Dímelo.”
Gemí y empujé con más fuerza, su mano cayó sobre mi nalga y sol