El sol apenas había salido cuando Tala descendió los escalones del templo, con el dije aún tibio contra su pecho. Había soñado con su bebé otra vez. No lo veía, pero lo sentía. Moviéndose dentro de ella, creciendo. Su pequeño corazón latiendo como un tambor sagrado, dándole fuerza.
La Luna se lo había dicho: “No temas lo que eres, teme lo que otros harán para detenerte”. Y aunque no lo entendía del todo el mensaje, intuía que ese niño, ese milagro en su vientre, era parte esencial del destino q