POV: Léo Blanc
El dolor era un viejo amigo, pero Julian de Mortemart lo estaba convirtiendo en un amante demasiado exigente.
Estaba encadenado a una losa de piedra negra en las entrañas del Castillo de las Sombras. Los Segadores habían usado ganchos de plata para atravesar mis hombros, asegurándose de que mi capacidad de curación estuviera ocupada luchando contra el metal en lugar de cerrar mis heridas.
—¿Vas a hablar, Léo? —Julian se limpió una gota de mi sangre de su mejilla con un pañuelo de seda—. Me estoy aburriendo, y cuando me aburro, tiendo a ser... creativo.
Escupí un coágulo de sangre a sus pies y le dediqué mi mejor sonrisa torcida, aunque sentía que me iba a desmayar.
—Tienes —jadeé— un gusto pésimo para la decoración, Julian. Este lugar grita "tengo un complejo de superioridad y un micropene".
Julian suspiró y le hizo una seña a la mujer que estaba en las sombras.
—Elena, por favor. Dale un motivo para ser serio.
De la oscuridad surgió una mujer que me cortó la respiració