POV: Zoé Dupont
Cruzar de nuevo las puertas de El Sagrario fue como chocar contra una pared estática. Pero esta vez, el hierro frío no pudo contenerme. La luz blanca que emanaba de mi vientre era tan intensa que los muros de la abadía vibraban, soltando chispas donde el metal intentaba absorber mi energía.
En el centro del salón, Lucien nos esperaba. Se veía demacrado, sus ojos humanos llenos de una angustia que se evaporó en el momento en que me vio.
—¡Zoé! —gritó, corriendo hacia mí.
Se detuv