Alejandro
I. La Portada del Monolito
El mundo reaccionó exactamente como la Ceniza había diseñado.
Una semana después de mi regreso de Valparaíso, la portada de El Global Strategist se convirtió en el epitafio de la guerra silenciosa. La fotografía no era una simple imagen; era un monolito de tres cuerpos. .
Allí estábamos: yo, el Acero, con una expresión de sombría autoridad; Adrián, el Legado, inocente y anclado entre nosotros; y la Ceniza, Isabella, cuya mano en mi hombro era la colocación de un punto de control, no de afecto. Su mirada, esa que solo yo sabía que iba dirigida a la cámara, a Marie Moreau, era de desafío total.
El titular era demoledor para mis rivales: CIFUENTES: EL ACERO SE REFORMA. LA CENIZA ASUME EL CONTROL ESTRATÉGICO TOTAL.
La narrativa era clara: la "ausencia" de Isabella no fue un secuestro ni una implosión; fue una reestructuración profunda. Ella no regresó por amor o miedo; regresó por voluntad operativa para garantizar la permanencia del Legado. Mi supuest