Isabella
I. La Caricia del Viento Salado
El viaje de Santiago a Valparaíso fue un acto de descompresión violenta. Dejé atrás la pulcra geometría del Acero, la obsesiva simetría de los barrios altos, y me lancé a la anarquía de la costa. El auto blindado, discreto en su color grafito, devoraba los kilómetros bajo mis órdenes. Yo era la única conductora, la única vigilante.
Mi muñeca, despojada del reloj de rastreo, se sentía extrañamente ligera. Era la libertad más peligrosa que Alejandro me hab