Isabella
Habían pasado tres meses desde que regresamos de Zapallar, y la intensidad de mi vida con Alejandro se había convertido en un veneno de acción lenta. El regreso no había sido una coronación, sino una reclusión. La verdad que compartimos no nos hizo más libres; nos hizo más dependientes, y para mí, esa dependencia se había manifestado en una aniquilación silenciosa del espíritu.
El búnker, antes símbolo de mi escape, era ahora mi cripta de mármol.
Dejé de crear. Mi estudio, bañado por l