Isabella
El embarazo había avanzado sin piedad. Cinco meses de crecimiento constante, una vida que latía dentro de mí, ajena al mármol frío del búnker y al oro venenoso que me vestía. Había logrado ocultar el secreto de Alejandro durante un mes, planeando mi siguiente movimiento, pero él lo había descubierto por una lectura de L’Ancre y un chequeo médico rutinario de su personal.
Su reacción no fue de sorpresa, sino de una consagración total.
—Un heredero. Un lazo de sangre que ni siquiera la m