Capítulo 85
Cuando la vio entrar, Maximiliano arqueó una ceja.

—¿No que preferías morirte de hambre antes que volver a poner un pie en esta casa?

Regina se plantó frente a él, furiosa.

—Fuiste tú, ¿verdad?

Maximiliano observó su rostro: el maquillaje corrido, los ojos enrojecidos y las pestañas húmedas; era evidente que había llorado. Sintió una leve punzada, pero una sonrisa despreocupada, casi insolente, se dibujó en su cara.

—¿Yo? ¿Hacer qué?

—¡Mateo! ¡Tú mandaste a que lo golpearan!

A Regina le temblaba
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Imelda Aguirremmm a qué Regina ya valió para que fuiste
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