Regina deslizó el dedo por la lista de contactos de arriba abajo, una y otra vez, hasta que no cupo duda: el número de Gabriel ya no estaba en su WhatsApp.
¡La había eliminado!
«¿Cómo podría siquiera gustarle?», pensó, invadida por una oleada de incredulidad.
La rabia la consumía, y una puñalada dolorosa volvió a instalarse en su pecho.
«¡Pues que me elimine! Total, no pensaba volver a buscarlo. ¡Se acabó y punto!»
Aventó el celular al cajón, apagó la luz y se metió a la cama.
...
Al día siguien