—Está lloviendo —comentó él sin darle mayor importancia.
Regina se quedó confundida un momento y se acercó con recelo a la ventana. En efecto, llovía. Afuera, los relámpagos iluminaban el cielo.
Lo cierto era que, de camino al hotel, ya se había levantado un viento fuerte, una clara señal de lo que venía. Además, había revisado el pronóstico en su celular y sabía que llovería esa noche.
—¿Y tú no tienes chofer?
La vida de los ricos estaba organizada por otros, sobre todo la de un magnate como Gabriel. Era imposible que la lluvia lo afectara.
Regina corrió las cortinas. Estaba tan cansada que se le cerraban los ojos y no tenía ni la mínima energía para lidiar con él.
—He estado muy ocupada últimamente...
No alcanzó a terminar la frase. Escuchó pasos detrás de ella y, de pronto, una sombra la cubrió.
Cuando iba a darse la vuelta, Gabriel la abrazó por la cintura desde atrás. Regina giró la cabeza justo a tiempo para que él le sujetara el mentón con su mano fuerte y bien delineada. Luego,