—Está lloviendo —comentó él sin darle mayor importancia.
Regina se quedó confundida un momento y se acercó con recelo a la ventana. En efecto, llovía. Afuera, los relámpagos iluminaban el cielo.
Lo cierto era que, de camino al hotel, ya se había levantado un viento fuerte, una clara señal de lo que venía. Además, había revisado el pronóstico en su celular y sabía que llovería esa noche.
—¿Y tú no tienes chofer?
La vida de los ricos estaba organizada por otros, sobre todo la de un magnate como Ga