Ella asintió. Gabriel sonrió.
—Pues vámonos.
La tomó de la mano y Regina se dejó llevar hasta que entraron al ascensor, momento en el que retiró la suya. Cuando él pasó a su lado, no le dedicó ni una mirada de reojo.
Elena se quedó pasmada, viendo cómo ambos subían al ascensor. Observó hasta que la silueta de Gabriel desapareció de su vista, y entonces las lágrimas que había estado conteniendo rodaron por sus mejillas.
Hacía diez días que sabía que él volvería a la clínica para una cirugía. Como