—Clic.
Gabriel escuchó el ruido y levantó la mirada. Al verla salir de la habitación, apagó de prisa el cigarrillo que sostenía. Se puso de pie y, con la voz ronca, le dijo:
—La cena está lista, voy a servirla.
Regina se sentó a la mesa. Había varios platillos, todos sus favoritos, y aún despedían un ligero vapor.
Bajó la mirada y empezó a comer sin decir nada.
Gabriel le sirvió un tazón de sopa. Al ver que no probaba lo demás, tomó sus propios cubiertos para servirle.
Regina dudó un segundo al