Al escuchar eso, Regina sintió que la sangre se le subía a la cabeza; jamás imaginó que Gabriel se atreviera a decir algo así frente a Joel.
La relación entre ellos era más que obvia. Joel observó el gesto de celos en la cara del otro hombre, pero mantuvo una sonrisa amable.
—Creo que tú y el señor Solís tienen algo que hablar. Será mejor que no los interrumpa.
A Regina le subía y bajaba el pecho con furia contenida. Se volvió hacia él.
—Lo siento mucho. Por favor, vete tú solo hoy. Ya buscaré e