La repentina atención de todos en la mesa se centró en ellos.
Regina se tensó. Se mordió el labio y levantó la mirada hacia la cara atractiva y bien definida del hombre a su lado, tratando de contener su enojo.
—No se me antoja, gracias.
Apartó el pastel que él le ofrecía y tomó el que ella misma se había servido, uno de fresa.
Regina ya había visto un pastel de maracuyá. Sabía que en hoteles de esa categoría usaban fruta de verdad y se le antojaba muchísimo, pero el aroma era tan intenso que se