Sus miradas se encontraron y Regina se quedó helada. Se detuvo en seco y arrugó la frente.
—¿Tú qué haces aquí?
Gabriel aplastó el cigarrillo que sostenía y la miró fijamente, con una actitud indescifrable.
—Abre.
No quería dejarlo entrar, pero tampoco quería arriesgarse a que alguien los viera y su relación quedara al descubierto. Sin más opción, sacó la tarjeta de la habitación y abrió la puerta.
Entró y él la siguió de cerca. Le agarró la mano. Antes de que pudiera si quiera procesarlo, la pu