—Yo no te pedí que vinieras por mí.
—Ya pasaste por algo feo antes, no me iba a quedar tranquilo.
Regina recordó aquella noche en que un taxista la había llevado a las afueras de la ciudad; Gabriel había aparecido a tiempo para rescatarla.
Ante el peso de ese recuerdo, se mordió el labio y no dijo nada más.
Gabriel condujo de regreso al Residencial Las Olas y ambos subieron en silencio. Regina marcó el piso diecisiete. Él vivía en el dieciséis, pero no presionó el botón del ascensor.
Cuando las