El teléfono sonó un buen rato antes de que contestaran. Para entonces, Andrea ya no podía contener su enojo.
—¿A ti qué te pasa? ¿Quieres que terminemos o qué?
—¿Pasó algo?
—¿Por qué no me contestas los mensajes?
—He estado ocupado, a lo mejor no lo vi.
Andrea, incapaz de contenerse, dijo con un tono cortante:
—No, pues qué bien. Ni siquiera tienes tiempo para contestarle un mensaje a tu novia. ¡Felicidades por ser un empresario tan exitoso!
—Es que no vi que me mandaras nada.
—¡Te mandé una fot