El hombre frente a él no dijo nada, su expresión era indiferente. Sebastián lo observó. Gabriel se mostraba tranquilo, con una actitud impenetrable que dejaba claro el propósito de su visita.
—¿Qué quieres?
Gabriel dejó la taza sobre la mesa y, sin decir nada, deslizó un cheque sobre la superficie. Sebastián bajó la mirada. Era un cheque en blanco.
Rio por lo bajo, con desprecio.
—¿Y esto qué significa?
—Deja a Regina. Pide lo que quieras, te lo voy a dar.
Sebastián tomó el cheque y lo hizo peda