Regina no se atrevió a abrir la puerta. Miró por la mirilla un momento, pero como no vio movimiento alguno, regresó a su habitación.
Esa noche tuvo un sueño intranquilo. Entre el sonido intermitente del timbre y las pesadillas que la asaltaban, la noche se le hizo eterna. Al despertar, sentía pesadez.
Llamó a la caseta de seguridad y, después de revisar las grabaciones, le informaron que alguien había subido a su piso la noche anterior. En su edificio solo había un departamento por piso. Furiosa