Incluso le echó un vistazo a la señora Luna, que estaba a su lado. Ver a Gabriel ahí le provocó una profunda inquietud a Regina. Silvia contestó de mal humor:
—¡Y yo qué voy a saber que iba a venir!
Afortunadamente, él no se sentó con ellas. Cuando el banquete terminó y Alicia y Silvia se disponían a irse juntas, Gabriel se acercó.
—Mamá.
Silvia no sonrió mucho al ver a su hijo.
—Vaya, qué milagro. ¿Qué hace por aquí alguien tan ocupado como tú?
Gabriel miró disimuladamente en dirección a Regina y, al ver sus manos entrelazadas con las del otro hombre, una sombra de frustración oscureció su mirada. Dijo con tono neutro:
—Papá me pidió que viniera por ti.
—¿Desde cuándo le haces tanto caso a tu padre?
Silvia no se tragó la excusa de su hijo. Como si hubiera entendido algo, desvió la mirada hacia Regi. Al ver lo bien que se llevaban ella y Sebastián, concluyó que su hijo ya no tenía ninguna oportunidad.
—Ya nos vamos, Regi y yo.
Alicia no soportaba a su exyerno. El simple recuerdo del be