Incluso le echó un vistazo a la señora Luna, que estaba a su lado. Ver a Gabriel ahí le provocó una profunda inquietud a Regina. Silvia contestó de mal humor:
—¡Y yo qué voy a saber que iba a venir!
Afortunadamente, él no se sentó con ellas. Cuando el banquete terminó y Alicia y Silvia se disponían a irse juntas, Gabriel se acercó.
—Mamá.
Silvia no sonrió mucho al ver a su hijo.
—Vaya, qué milagro. ¿Qué hace por aquí alguien tan ocupado como tú?
Gabriel miró disimuladamente en dirección a Regina