Al escuchar esa voz, la expresión de Sebastián se volvió seria. Se dio la vuelta y, al ver a la mujer que estaba detrás de él, la miró con un desprecio obvio.
—¿Qué haces aquí?
—Estamos en el baño de mujeres. ¿Tú qué crees que hago aquí?
Beatriz observó con una sonrisa burlona a ese joven indomable. Había pasado tanto tiempo, pero su carácter seguía siendo el mismo.
Él miró el símbolo en la puerta y se dio la vuelta para irse.
—¿Ya no vas a esperar a Regi?
Se detuvo en seco. Apretó los puños a los costados, conteniendo el enojo. Beatriz estaba a punto de acercarse cuando la voz de Regina la interrumpió.
—¡Señora Figueroa!
Ella se detuvo y volteó a verla, esbozando una sonrisa forzada.
—Ay, Regi. Va a empezar la cena. Ali te está buscando, deberías ir para allá.
Regina respondió con un tono cortante:
—Gracias por el aviso. Sebastián y yo ya nos vamos.
—De acuerdo.
Beatriz asintió y entró al baño.
Regina se acercó a Sebastián, nerviosa. Cuando iba a preguntarle algo, él se le adelantó.
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