Cenaron juntos esa noche. Regina comía con una lentitud inusual; hoy ni siquiera había encendido la televisión.
Gabriel, tras terminar su comida, dejó el tenedor y la observó con atención mientras ella comía.
—¿Te preocupa algo?
Regina asintió apenas y levantó la mirada.
—Mañana en la noche no voy a poder venir a prepararte la cena.
—No te preocupes, puedo comer algo en el comedor.
—De acuerdo —dijo Regina.
Viendo que no añadía nada más, Gabriel se levantó y fue a su estudio para ocuparse de uno