Regina se volteó, confundida.
—¿Separarnos? ¿Qué quieres decir con eso?
Sebastián no la miró. Mantenía las manos aferradas al volante.
—Que terminamos.
Observó su perfil, serio e indiferente.
—Dime por qué.
—Tú sabes por qué.
A Regina le costó trabajo hablar.
—Acabo de borrarlas a todas. Ya no les voy a hablar, te lo prometo.
—Ese es tu mundo. No necesito que hagas un sacrificio así por mí. Si para estar conmigo tienes que aguantar este tipo de cosas, es mejor que terminemos.
Intentó responder,