Pero Sebastián no le contestó. El chat permanecía sin cambios. Regina esperó un momento con el celular en la mano, pero finalmente lo dejó a un lado.
Afuera ya era de noche, muy tarde. En realidad, no tenía apetito, pero el estómago le dolía por el hambre, así que fue a la cocina a prepararse algo de comer.
Después de comer, se dio una ducha y se acostó.
Con la cabeza llena de pensamientos, no lograba conciliar el sueño. Un dolor punzante empezó a molestarla en la nuca. Se sentó en la cama y rev